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La estatua de Zeus en Olimpia  

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La estatua de Zeus fue construida en el s.V a.C. en el recinto de los JJ.OO. en la ciudad de Olimpia.

El templo de Zeus en Olimpia fue construido en el 456 a.C. un elegante edificio de estilo dórico, el más popular de la época en Grecia, aunque era impresionante, pronto se vería ensombrecido por un objeto situado en su interior. Las autoridades decidieron colocar una gran estatua del dios dentro del templo, contrataron a Fidias, escultor que ya había trabajado en el Partenón. El resultado fue la tercera maravilla del mundo: la estatua de Zeus.

Según las fuentes escritas, la estatua representaba al dios sentado en un trono, con un cetro en la mano y una estatua de la diosa
Victoria en la otra. La superficie exterior era de oro y marfil, y la interior una estructura de madera. Medía unos 12 metros de alto, la cabeza tocaba el techo prácticamente. El trono también estaba hecho de oro y marfil con incrustaciones de joyas.

Las ruinas de Olimpia pueden ser contempladas aún, pero no hay rastro de la estatua. En el s. IV fue trasladada a Constantinopla, y allí fue destruida por un incendio que no dejó rastro alguno de ella.

En 1958 los arqueólogos alemanes desenterraron los instrumentos utilizados por el autor de la estatua. Descubrieron una taza rota donde se podía leer “Pertenezco a Fidias”, un mensaje enviado a través de milenios por el creador de una de las siete maravillas del mundo.

Los Jardines Colgantes de Babilonia  

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Hoy continúo con este post narrando las 7 Maravillas del Mundo Antiguo, esta serie de posts que empecé con Las pirámides de Gizeh en Egipto y hoy prosigo con Los Jardines Colgantes de Babilonia.

La ciudad de Babilonia pertenecía a un reino de igual nombre, ubicado en la Mesopotamia, a orillas del río Eufrates, en la actual Iraq. Data del año 2500 a.C. y fue el rey Nabucodonosor II (605 a.C. – 562 a.C.) el culpable de llenar la ciudad de esplendor, una pieza importante eran los Jardines Colgantes de Babilonia. Se dice que el rey mandó construir estos jardines como regalo a su mujer, y le devolviera a la mente el terreno escarpado de su tierra, a diferencia del llano predominante en Babilonia. La disposición de los jardines se hacía por terrazas, compuestas por grandes bloques de rocas que resistían la humedad y erosión. Una vez construida la estructura se acomodó esta para el jardín, se dispuso la tierra necesaria y se comenzó a plantar la vegetación: árboles, arbustos, enredaderas, diversas plantas con y sin flores… Y algo que nunca debe faltar en un jardín, el riego. Fue una tarea difícil, diseñar un sistema de riego para esta estructura en aquellos tiempos, consistía en una noria que transportaba el agua desde los pozos hasta las zonas de riego. Fue poco el tiempo que tardaron los árboles y demás vegetación en acaparar todas las zonas de las terrazas.


Cuando los persas invadieron la ciudad, mermó el esplendor de esta y como consiguiente el esplendor de dichos jardines, siendo finalmente destruidos en invasiones posteriores.

De todos modos la historia no está demasiado clara, y no se puede afirmar con rotundidad que estos jardines existieran, es cierto que se han encontrado numerosos restos que podrían haber pertenecido a esta construcción, pero también es posible que no se hubiera llegado a terminar. Tampoco se conoce bien la exactitud de su emplazamiento, ya que algunos defienden que estuvo a orillas del río, mientras otros que estuvo más alejada, esto y la complejidad de los sistemas de riego ponen en duda que se llegara a conseguir tan esplendorosa obra. Aunque sí es verdad que hay muchas historias que hablan sobre los Jardines Colgantes de Babilonia, existieran o no, están incluidos en las siete maravillas del mundo antiguo. Una vez más se demuestra la ambición y el trabajo en aquellos tiempos, y las espectaculares obras que podían llegar a conseguir con herramientas de trabajo muy inferiores a las que actualmente disponemos.

Las Pirámides de Gizeh  

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Hoy empiezo con otra serie de entradas sobre las 7 Maravillas del Mundo Antiguo.

Comenzaré por la más antigua de todas, y la única que ha sobrevivido hasta nuestros tiempos, Las pirámides de Gizeh, en Egipto. La función de esta, al igual que la del resto era hacer de tumba para los faraones. La más antigua de todas data de unos 5000 años, se trata de la pirámide de Sakkara, construida para el faraón Djoser (2750 a.C.). Tras esta obra, fueron muchos los faraones que continuaron la construcción de los sepulcros piramidales, hasta que fueron sustituidos por los subterráneos. El lugar elegido para la construcción fue la llanura de Gizeh, un terreno liso que contrasta fuertemente con estos monumentos, de los existen unos ochenta repartidos por todo Egipto.

El material elegido fue enormes bloques de granito los cuales fueron perfectamente colocados sin dejar prácticamente huecos. La orientación de las pirámides es hacia el norte, todas lo cumplen estrictamente. El ángulo de inclinación de las caras es de 51º. Y algo curioso es que están inclinadas hacia su altura, es decir, que no son rectas, en realidad podríamos hablar de 8 lados. En cuanto a números, posee una altura de 146 m. y un ancho de 230 m.

La entrada se efectúa por una de las caras, abierta tras la construcción para poder acceder a esta, ya que la apertura original está obstruida. Las pirámides poseen un sistema de seguridad, con una falsa cámara sepulcral, y disimulando los pasillos, todo esto para evitar a los saboteadores. Además tienen unos sistemas de ventilación. Pero pese a esta seguridad, pocas son las que se escabulleron de los robos y saqueos.

No deja de ser asombroso pensar que los egipcios movieron miles de bloques de granito sin la ayuda de máquinas, con el esfuerzo físico únicamente. Estas pirámides superan cualquier construcción actual, y sería tremendamente complicado realizar estas obras ahora, y hace 5000 años ya lo consiguieron. Las grúas que poseemos se verían en dificultad para mover esos bloques. Esto nos da a entender el nivel de conocimientos del pueblo egipcio hace 5000 años, ni ellos mismos más tarde consiguieron superar a las pirámides de Gizeh, ya que las que se realizaron posteriormente no superaron en medidas a las otras, que fueron primerizas. Así pues no es de extrañar que sea considerada la primera Maravilla del Mundo Antiguo.